A partir de la cinematografía de ambos directores, pretendemos con este trabajo analizar las relaciones entre ética y estética en el cine latinoamericano contemporáneo. Según Bosi en su libro Literatura e resistência (2002, p. 118), la resistencia es un “concepto originalmente ético” que unido a una profunda comprensión de la realidad puede convertirse en estético. Es decir, el artista, conciente de las limitaciones de nuestra realidad, especialmente ante el dolor humano, le opone a ésta resistencia y la enfrenta hasta sobrepasar sus apariencias, sus ideologías, contraponiendo a la ilusión de perfección, imágenes más bien fragmentadas, incompletas, y jamás plenas en sí mismas. Por otro lado, Said en su libro Cultura e resistência (2003) nos señala la importancia del pensamiento crítico en un mundo donde la información nos llega a nosotros espectadores y lectores como paquetes, comercializada, bajo el modelo establecido por los media.
Es en este sentido que las películas de Lisandro Alonso y Paz Encina se nos revelan como cinematografías de la Resistencia, ya que, sea al insistir en el 35mm, caso del primero, o al elegir la cámara fija, como lo hace la directora de Hamaca paraguaya, se contraponen a las imágenes espectaculares de los media. En efecto, el lenguaje, los personajes y paisajes, la sintaxis de sus películas reclaman una nueva memoria, que pueda resignificar un presente muchas veces sentido como caótico (RICOEUR, 2006).
Sin embargo, más que recordar, ambos ponen en escena la acción de “rememorar” (BENJAMIN, 1985), eligiendo activamente los momentos catalizadores de la historia que, en la terminología benjaminiana, asumen el papel de mónadas, desde las cuales proponen una nueva manera de mirar sus gentes y culturas.
Diferentemente do cinema dos anos 60, tanto no Brasil qto. na Argentina, o filme de Lisandro Alonso não apaga as fronteiras de classe. Para ele, filmar personagens marginais é uma forma de conhecê-los. De modo que aquilo que parece um cinema despolitizado, na verdade é uma maneira livre de fazer política. Sem envolvimentos partidários ou grandes projetos coletivos de transformação social, o cinema de Lisandro Alonso, ao mesmo tempo que dá visibilidade ao "outro", o faz sem a pretenção de dar-lhe voz ou de representá-lo. Até porque seu cinema é um cinema mais de perguntas do que de respostas. Enfim um caminho novo entre a onipotência do intelectual e o vazio de muitas das propostas cinematográficas de hoje.
ResponderExcluir